El poder de un videoblog


“Me llamo Jason Boas, tengo 33 años, soy soltero y tengo cáncer”. Así de directo, así de crudo y así de valiente se presentaba el protagonista de esta historia en el primer capítulo de su particular odisea contada a través de su videoblog. La de Jason es una historia de esas que ponen a uno la piel de gallina, que no deja indiferente a quien la escucha, que hace pensar en qué es lo importante y qué lo liviano. La prueba de cuán fuerte puede llegar a ser la entereza humana cuando una situación terrible se cruza en la vida de uno. Y la prueba, también, del potencial que tiene el videoblog, no sólo como diario personal, sino como herramienta de comunicación que sirve para denunciar situaciones, dar a conocer problemas o servir como foro social en el que unir esfuerzos, compartir opiniones o vivencias.snf13h2man-280_648322a1

La vida de Jason dio un giro de 380º en octubre de 2007. Un episodio de pancreatitis desencadenó la terrible noticia: tenía cáncer. Un tumor le estaba obstruyendo la vena porta, y sólo una variante muy agresiva de quimioterapia tenía un 10% de posibilidades de salvarlo.Las opciones de que una operación fuera exitosa eran solo de la mitad. Poco a lo que aferrarse. Le quedaban 18 meses de vida.

Para Jason empezaba la cuenta atrás. Cuando se tienen poco más de treinta años y das por hecho que te queda todo por descubrir, pero que no podrás hacerlo, es difícil replantearte “sacar partido” a tus últimos meses.

Boas quiso hacer algo de provecho y creó el No Surrender Charitable Trust, una comunidad virtual, una especie de Facebook donde jóvenes y adultos con cáncer tuvieran un punto de encuentro donde compartir sus miedos y esperanzas con una página web y un videoblog que cada semana realizaba el propio Jason. Así quiso enfrentarse a su nueva realidad con espíritu positivo, y contribuir a que otros siguieran su ejemplo, y le acompañaran en su viaje.

Una nueva semana, un nuevo “post”. El videoblog empezó como un modo de mantener al corriente de su situación y del progreso de su enfermedad a un puñado de familiares y amigos. Pero, oh, sorpresa, Jason se encontró con que más de 1500 personas veían sus videos cada semana. 1500 personas, que capítulo a capítulo, seguían su historia. Que compartían con él sus preocupaciones, sus miedos, el dolor, los efectos secundarios de la quimio.

No podía salir con chicas porque su estado físico no se lo permitía y no ocultaba su desesperación ante una carrera profesional truncada Su videoblog le sirvió, sin embargo, para aliviar el terrible sentimiento de soledad que consume a quien se sabe sus días contados. Hacerse “bloguero” le permitió igualmente ponerse en contacto con personas en su misma situación, que sí le comprendían, que sí sabían el calvario por el que pasaba.

Lo que empezó como pequeños “post” a sus allegados llegó a ser el bálsamo que le permitió seguir fuerte hasta el final, el 11 de noviembre del año pasado. 40 días antes, en su último videoblog, aún celebraba el año nuevo judío.

Jason ya no está pero ha demostrado que un sencillo medio de comunicación personal, casero, puede llegar a cambiar pequeñas (o grandes) cosas, llegar a la gente, remover conciencias, conmover almas, reivindicar justicia. Gracias a su familia, que ha tomado las riendas de su legado, ‘su’ comunidad sigue teniendo sentido después de muerto. Cuatro meses después de su muerte, ‘no surrender.org’ es un punto de encuentro, un refugio, un rayo de esperanza o al menos, consuelo, para miles y miles de enfermos de cáncer y los suyos. El lema de la propia web es revelador: “Algunos lo llaman red social. Para nosotros es una familia.”

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