bernauer strasse


Son las 10 y pocos minutos de la mañana de un frío pero soleado viernesde noviembre en la antigua capital de Alemania. Estamos en la Bernauer Strasse, donde hubo tantos muertos intentado saltar el Muro. Por unas horas, este viernes 10 de noviembre de 1989 Berlín-Este se queda literalmente vacío doce horas después de que haya caído el Muro.

bernauer_strasse_mauer

Nos gusta decir que si el Muro de Berlín cayera de nuevo esta noche, nosotros ya estaríamos allí. En 1989 yo era corresponsal de Televisión Española en Alemania, en Bonn: la entonces capital de la RFA, a más de 600 km de Berlín.

Habíamos desplegado un operativo en los dos Berlines, esperando que pasara una gorda, y fuímos los primeros en llegar… porque ya estábamos allí. Incluso antes que la televisión alemana, que luego utilizaría nuestras imágenes en el espléndido reportaje sobre las horas que precedieron a la caída del Muro: “Als die Mauer fiel“, ARD, 1999. Ahí vemos las calles de Berlín-Este vacías, en la noche que cayó el Muro, como se no fuese a pasar nada.

Una empresa de supermercados del Oeste regala tabletas de chocolates a los alemanes del Este que acaban de llegar, como hicieron los soldados americanos que repartían chocolatinas en 1945.

He recuperado la secuencia de la Bernauerstrasse porque no hacen falta palabras para describir esos momentos históricos que cambiaron Europa y el mundo. Van a ver, entre estas imágenes sin montar las distintas versiones de la ‘entradilla’ que utilicé ese 10 de noviembre de 1989 en la crónica del telediario de las 3 de la tarde.

No puedo ocultar la ‘empanada’ de las horas sin dormir ni el escalofrío de vivir momentos irrepetibles. Siempre digo, que aquella noche en Berlín pude vivir los momentos más hermosos de toda mi vida de corresponsal. Lo que pregunto al cámara (en alemán) es si está viendo el muro; luego insisto en si está grabando y si no está muy cerca la cámara.

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elmurodeberlin.eu

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En otro momento de la entradilla tenemos que volver a empezar porque hablo en diagonal, mirando al micro. Cuando los corresponsales de televisión hacemos crónicas para el telediario, nuestro speech no suele salirnos a la primera: hay que repetir (y repetir) y muchas veces grabamos auténticas burradas, que evidentemente nunca salen al aire.

Es de libro, y forma parte del repertorio de anécdotas que cuentas en los másters de periodismo, el caso de aquel corresponsal que no consiguió mandar su crónica a tiempo en una cumbre europea, porque ni a tiros le salía la dichosa entradilla.

Pero vamos a ver qué decíamos ayer, cuando cientos de miles de alemanes del otros lado pisaban por primera vez Berlín-Oeste en busca de un ‘picnic’ en libertad.

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