redes sociales


Acabo de leer (con absoluta incredulidad) que desde hace un par de días tengo 4.743 nuevos contactos en mi red social favorita. No me puedo quejar. En facebook a lo mejor voy más lejos de los 3.204.100 profesionales de linkedin a quienes puedo enviar un mensaje con posibilidades de que me lo contesten.

Ser amigo… de facebook es una expresión que define los tiempos que vivimos, en los que caminamos en absoluta soledad con la certeza de que nunca estuvimos tan acompañados. Algunos dicen haber encontrado trabajo, novia/novio y hasta esposa; otros haber desarrollado su business.

También estoy apuntado al twitter. Yaunque no lo utilizo, ya he recibido 198 alertas de otros tantos individuos que dicen que siguen mis pasos en esa ultimísima red social. La verdad, no sé dónde meterme. [más]

Todos declaramos sentirnos satisfechos de su gran capacidad para comunicar y hacer amigos. Vete a saber cómo anda la productividad laboral con tanto internet en la oficina, porque los fines de semana es cuando menos visitas tienen los blogs y esos foros de socialización donde si no estás pronto es como si no existieras.

Hace un par de años uno de mis hijos, que es un cachondo, escribía en su blog que facebook acabaría sustituyendo al registro civil. El había hecho la experiencia con su novia de entonces. Si no recuerdo mal, habían cambiado de manera coordinada su estatus declarado en la red, de novios a matrimonio. Nadie pensó que se trataba de un juego y todos picaron en el anzuelo. Las reacciones que tuvo aquel doble clic de G. y S. en sus perfiles los asustó, pero no los echó del sistema. Desde entonces, sin embargo, mi hijo aparece en facebook camuflado con los disfraces más inverosímiles. La última vez que me crucé con su página descubrí que tenía de foto una bandera de la república española y en su perfil personal hablaba del sexo de los ángeles.

No es que yo me oponga a todas estas modernidades, qué equivocados están. Pero tengo muy claro que no se trata de herramientas inocentes, sino más bien complicadas y hasta peligrosas, que a lo mejor no todos estamos preparados para utilizar, sin riesgo. Lo importante es aprender a usarlas y saber qué queremos con ellas. Jugar y pasar el rato es legítimo, incluso aconsejable. Pero no pidamos lo que no tienen y no nos extrañemos de que haya por ahí algunos (y algunas) que busquen beneficiarse de nuestra inocencia.

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