el blog de josé-maría siles

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trabis y mercedes

Trabi adaptado, en el lago Balatón, Hungría.

Trabi adaptado en el lago Balatón, Hungría.

Los trabis y los mercedes fueron durante años primos hermanos en el lago Balatón, en Hungría. Aquí venía a veranear los alemanes del Este, con sus pasaportes del Pacto de Varsovia y sus ansias de aventura. Los del Oeste también acampaban aquí con sus mercedes porque era barato, si pagabas con divisas, y porque estaba cerca. Durante décadas, familias alemanas de uno y otro lago confraternizaban aquí sin olvidar por un momento lo que a cada uno lo faltaba.

Los del Este se quedaban de piedra cuando se asomaban al frigo de los camping-car de las familias occidentales, con sus yogures de diez sabores diferentes y sus frutas exóticas: plátanos y naranjas, sobre todo, que en la RDA solamente podías comprar con dólares o DM. Los del Oeste se quedaban encandilados con la calidad y la camaradería de los alemanes del otro lado, donde la amistad y la familia era lo más importante.

El Este y el Oeste se juntaban en el Balatón, se recuperaban amigos y las familias se reencontraban. Una fotógrafa del Este pudo así publicar una foto de la ‘familia ideal socialista’, junto al lago Balatón. En realidad se trataba de la unos amigos de antaño que, desde hacía muchos años, se había instalado en el Oeste… y era más bien la imagen de una familia del Oeste capitalista y corrupto, como se vendía Occidente en la RDA.

Los alemanes de la RFA eran los parientes ricos y podían permitirse el lujazo, con los precios que pagaban en los fiorintos devaluados que se usaban en Hungría, de invitar a los nuevos amigos y de sentirse importantes y dueños de la situación. Los del Este, qué remedio tenían, se dejaban querer. Luego seguiría la amistad, al volver de vacaciones. Y los Oeste seguirían siendo solidarios con sus hermanos del otro lado enviando paquetes de comida y haciéndoles regalos del catálogo por correspondencia de los Intershops: las tiendas del régimen en las que, como DM, podías comprar artículos occidentales sin límite.

El capitalismo y el comunismo convivían sin problemas en este lago mágico, una especie de Mallorca del socialismo realmente existente (qué cosas se decían entonces). Aquí en el Balatón todos se olvidaban del Muro de Berlín y de que los unos no podían ir a visitar a los otros (salvo que vivieras en Berlín y pagaras el visado de 24 horas) ni los otros podían viajar al Oeste.

La reunificación de Alemania se fue cociendo, durante décadas, a orillas del lago Balatón. Y, en 1989, la revolución que iba a tirar el Muro empezó precisamente aquí, junto al mayor lago de Europa Central. Ese verano, los alemanes de la RDA no se contentaron con olvidarse por unas semanas de que vivían en una cárcel de la que no podían salir nada más que hacia el Este, para meterse en otra cárcel igual de gris que la suya. Del Balatón, los primeros veraneantes se fueron enseguida a la vecina Budapest, a reclamar su ciudadanía occidental en la embajada de la Alemania Federal.  Y ahí empezó todo.

hace 20 años

kuss

"Entre la sombra del Muro y la movida joven", por José-María Siles en la revista Cambio 16, Madrid, agosto de 1989. 2/2

Erich Honecker, 77 años, está furioso. El líder máximo de la República Democrática Alemana no acaba de entender el regalo que el presidente Bush ha recibido en Budapest: un trozo de alambre espino del telón de acero que los húngaros empezaron a desmantelar la pasada primavera. Honecker, eternamente preocupado por el bienestar de su pueblo, acaba de profetizar este verano que “el Muro durará todavía cien años”.

- Oiga, ¿y ustedes los occidentales por qué tienen esa fijación con el Muro cada vez que vienen por Berlín?

- Ya nos gustaría hablar de otras cosas, pero lo han hecho ustedes tan alto, tan largo y tan en medio de todo…155 kilómetros de Muro es mucho muro para olvidarse de él.

Volvía a encontrarme con la misma funcionaria, tres años después. María trabaja en un Ministerio de la otra Alemania y continúa, por inercia, en el Partido. Pero algo ha cambiado estos años en su visión del mundo que la rodea. “Nuestros dirigentes deliran, no se enteran de lo que está pasando. Piensan que de verdad nos hemos vuelto todos pequeño-burgueses y capitalistas”. Leer más…

quieren otro muro

Ojeo una revista alemana, busco la programación especial del Muro y me encuentro con el comentario de un lector alemán: “Ich bin entäuscht über viele ex-DDR Bürger.” ¿Y por qué están decepcionados los del Oeste con los alemanes del Este? Rudolf Link dice que le pone triste ver lo que piensan los del otro lado después de 20 años juntos de nuevo. Y hace referencia a una encuesta de la Universidad de Halle-Wittenberg en la que el 96 % de los habitantes del Land de Sajonia-Anhalt añoran la RDA porque entonces vivían mejor. Incluso el 23 % desearían volver a tener el Muro.

Muchos alemanes del Este querrían que volviera el Muro de Berlín.

Muchos alemanes del Este querrían que volviera el Muro de Berlín.

Muy fuerte, pero habría que intentar saber por qué. A pesar del esfuerzo de miles de millones que el Oeste se ha gastado en la vetusta Alemania del Este, la economía en los nuevos Länder no acaba de despegar y no ya por culpa de la crisis sino por mil otras razones.

Cuando la Treuhand vendía las fábricas y propiedades del Estado germano-oriental, los compradores solamente pensaron en su beneficio. Se hicieron grandes negocios y hubo unos cuantos escándalos, pero aquella gigantesca operación no sirvió para dar más trabajo ni para evitar que los otros alemanes prefieran irse al Oeste. El territorio de la ex DDR tiene hoy 7 millones de habitantes que hace veinte años y, a pesar de la promesa del canciller Kohl en las primeras elecciones libres, allí parece que todavía no sale el sol. Leer más…

que vienen los trabis

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Columna de Trabis atravesando la frontera occidental de Alemania el 11.11.1989. En los primeros días en libertad, cientos de miles de alemanes del Este visitaron la Alemania Federal en un momento de euforia colectiva.

¿Se acuerdan de aquella invasión? Venían por decenas, después por centenares… por miles cuando cayó el Muro. Eran los Trabis, el coche nacional del Este, llenos de alemanes del Este que se pasaban con los puesto al Oeste, estrenado libertad como niños con zapatos nuevos.

Aquel cuatro latas era en realidad un cuatro-cartones, porque el coche nacional de la otra Alemania estaba hecho de cartón-piedra, tardaban siglos en dártelo cuando lo comprabas y te costaba el salario de cinco años. El Trabant era un coche entrañable. Después del Muro en sí mismo, tal vez haya sido el Trabi quien haya acumulado más literatura en estos años en que hemos contado lo que pasó antes y después de la caída del Muro.

La producción de los Trabis, como cariñosamente los conocíamos, se paró en 1994, pero 15 años después aún los vemos circular por las calles y carreteras, especialmente en Berlín y en la antigua Alemania del este. Algunos se han convertido, por su parte en piezas de museo y otros, bastantes, mantienen solamente la carrocería con potentes motores tuneados de todos los estilos. El Trabi sigue siendo hoy, 20 años después de la caída del Muro de Berlín, un codiciado objeto de culto.

Aún hoy, 20 años después, el trabi sigue presente en Alemania del Este.

Aún hoy, 20 años después, el trabi sigue presente en Alemania del Este.

Los trabis andan, corren y se los quiere todavía . Como piezas de museo y de coleccionista, pero también para usarlos, sin muchos zarandeos. Para usos mútiples, incluso con inspiración sureña como en esta curiosa fotografía que nos hemos encontrado por azar en Internet.

La nostalgia de otros tiempos tira mucho y nostalgia no falta en el Este. Porque son muchos los que añoran el pasado, porque no han sabido adaptarse y porque ‘papá Estado’ se lo ponía muy fácil. Y el precio era la libertad, y no comer plátanos, salvo que gozaras de los privilegios de la Nomenklatura, o tuvieras familia en el Oeste que te mandara marcos fuertes para comprarlos en los Intershops.

calidad de vida

Nos quieren mejorar la vida. Así, por las buenas. En Bruselas (que es como una aldea global) los mandamases europeos se han dado cuenta de que en las ciudades vivimos mal, aunque trabajemos mucho y produzcamos sin subvenciones. Resulta que 7 de cada 10 europeos viven en una ciudad. Nos saldrían muchos más si nos limitamos al Oeste. Yo soy de ciudad, aunque entiendo que en los pueblos se vive mejor. Pero vivir en un pueblo también tiene sus limitaciones y lo vemos en los datos que nos ha pasado hoy la Comisión Europea. Resulta que el 85 % de la riqueza de la Unión se crea en las ciudades, aunque a nuestros agricultores no los hemos abandonado.

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la ira de los lecheros, en Bruselas

Al contario, la Política Agraria Común (es decir, las subvenciones) se chupan cada año más del 40 % del presupuesto de los 27, lo que nos ha parecido siempre un pelín exagerado e injusto. Sabemos que subvencionar la agricultura (aunque los de leche ahora se quejan) hace subir los precios y cierra el mercado europeo a los países pobres, que no tienen forma de vendernos sus productos del campo. Las subvenciones agrícolas siguen bloqueando en cierta medida la Ronda de Doha.

Calidad de vida, eso es lo que nos falta a todos. Especialmente en las ciudades. Pero no se preocupen: la Comisión Europea dice que nos lo va a arreglar. Y han echado mano nada menos que a doña Rita Barberá. La alcaldesa de Valencia es esperada estos días en la capital europea junto con el alcalde Budapest y el teniente de alcalde de la ciudad sueca de Gotemburgo. Europa quiere que sus ciudades contaminen menos y que sus habitantes vivan mejor. Estaremos atentos a lo que nos cuenten.

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