el blog de josé-maría siles

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vendieron el muro

Los jerifaltes del Este quisieron hacer negocio con el Muro de Berlín.

Los gerifaltes del Este quisieron hacer negocio con el Muro de Berlín en 1989.

Lo leía y no me lo podía creer: los Bonzen, los gerifaltes del Este, se quisieron forrar con los restos del Muro. Derribar el Muro de Berlín costó una fortuna: 180 millones de marcos alemanes, lo que significa prácticamente 200 millones de euros al valor actual. Ese es el dinero presupuestado y gastado, pero en realidad los responsables de la todavía RDA solamente pagaron 8 millones, el resto se lo metieron en el bolsillo aunque todavía no se ha podido meter mano a los que robaron.

Al día siguiente de la caída del Muro, en la tarde/noche del 9 de noviembre de 1989, las embajadas de la República Democrática Alemana empiezan a enviar telegramas a Berlín-Este informando del enorme interés que tenían en todas partes por hacerse con trozos de hormigón del Muro. A Hans Modrow, primer ministro de la moribunda RDA, se le hizo la boca agua pensando en los dólares que se podrían ganar.

Desde finales de diciembre, dos empresas germano-orientales asumen la venta de trozos de Muro en el mundo entero. Limex se encarga del negocio con museos. En ese mercado colocaron 360 de los 65.000 bloques de hormigón armado de 3,60 de altura y 1,20 de ancho que partían Berlín en dos. Cada uno pesaba 2,6 toneladas. El valor de cada pieza se establecía en función de los grafittis que tuviera pintados.

Junto a Limex hay pronto otra empresa que se pone a las órdenes de Modrow para sacarle provecho al Muro: Lélé Berlin, en este caso una sociedad con sede en Berlín-Oeste creada exclusivamente para comercializar trozos del Muro entre particulares. Tanto en un caso como en el otro, el negocio no resulta ser tan bollando como se esperaban y en junio de 1990 deciden hacer una subasta pública… en Mónaco (¿por qué e Mónaco?, ¿no se lo imaginan?). De esa subasta, en la que seguramente circuló mucho dinero negro, los Bonzen sacaron dos millones de marcos alemanes. El precio de catálogo era de 90.000 DM por bloque de Muro, pero toda la documentación de la subasta ha desaparecido. Leer más…

comprando alemanes

Ocho meses después de la caída del Muro de Berlín, el 30 de junio de 1990 los alemanes del Este podían cambiar sus marcos-chatarra por los flamantes deutsche-Mark, DM. Era la puntilla para la RDA, que solamente aguantaría cuatro meses más hasta la reunificación. El DM sería también víctima de la caída del Muro, porque la condición que el presidente François Mitterrand le puso a su colega Helmut Kohl para la reunificación fue la unión monetaria… europea. El euro nació para neutralizar a la nueva Alemania reunificada, que tanto susto daba a franceses y británicos. Pero esa es ya otra historia.

La euforia de la unión monetaria y el entierro del otro Estado alemán.

La euforia de la unión monetaria y el entierro del otro Estado alemán.

La ficción oficial de la paridad frente a la realidad de la calle, antes de la caída del Muro: 7 marcos del Este por 1 DM.
La ficción oficial de la paridad frente a la realidad de la calle, antes de la caída del Muro: 7 marcos del Este por 1 DM.

Alemán rico, alemán pobre, solamente por haber nacido en el Este o en el Oeste de la Alemania derrotada. Los alemanes de la zona soviética, a los que no les llegó el dinero a espuertas del plan Marshall porque Moscú no quiso, se quedaron con su Mark: una divisa sin valor en el Oeste y cuyo paridad 1:1 era mantenida artificialmente. En la calle te daban 7 por 1 DM.

Una mujer jubilada pedía a los dirigentes del Este, pocas semanas antes de que cayera el Muro, que se dieran prisa porque ella era mayor y quería gozar un poco de la vida. Lo primero que hicieron los otros alemanes cuando recibieron sus DM calentitos, aquel 30 de junio de 1990, fue asaltar los Intershops: las tiendas socialistas donde se compraban los artículos del Occidente capitalista si podías pagar con moneda fuerte.

El Muro rodeaba Berlín-Oeste, del que solamente se podía salir por avión o por los corredores especiales de tránsito entre las zonas aliadas Berlín y Alemania Occidental. Pero los que vivían en realidad en una cárcel, sin libertad para entrar y salir y con un nivel vida muy inferior al del Oeste eran los habitantes de la zona de ocupación soviética, convertida en 1948 en la República Democrática Alemana.

El Muro se construía el 13 de agosto de 1961 para evitar que la RDA se quedara vacía. Hasta entonces, los berlineses podían cruzar entre las zonas de ocupación y tanto los autobuses como las líneas de metro y los trenes iban de una parte a otra de la ciudad. El Muro paró la sangría de población, que buscaba una vida mejor en el Oeste, e hizo posible el otro Estado alemán. Pero también condenó a los berlineses a la miseria material y humana. Leer más…

trabis y mercedes

Trabi adaptado, en el lago Balatón, Hungría.

Trabi adaptado en el lago Balatón, Hungría.

Los trabis y los mercedes fueron durante años primos hermanos en el lago Balatón, en Hungría. Aquí venía a veranear los alemanes del Este, con sus pasaportes del Pacto de Varsovia y sus ansias de aventura. Los del Oeste también acampaban aquí con sus mercedes porque era barato, si pagabas con divisas, y porque estaba cerca. Durante décadas, familias alemanas de uno y otro lago confraternizaban aquí sin olvidar por un momento lo que a cada uno lo faltaba.

Los del Este se quedaban de piedra cuando se asomaban al frigo de los camping-car de las familias occidentales, con sus yogures de diez sabores diferentes y sus frutas exóticas: plátanos y naranjas, sobre todo, que en la RDA solamente podías comprar con dólares o DM. Los del Oeste se quedaban encandilados con la calidad y la camaradería de los alemanes del otro lado, donde la amistad y la familia era lo más importante.

El Este y el Oeste se juntaban en el Balatón, se recuperaban amigos y las familias se reencontraban. Una fotógrafa del Este pudo así publicar una foto de la ‘familia ideal socialista’, junto al lago Balatón. En realidad se trataba de la unos amigos de antaño que, desde hacía muchos años, se había instalado en el Oeste… y era más bien la imagen de una familia del Oeste capitalista y corrupto, como se vendía Occidente en la RDA.

Los alemanes de la RFA eran los parientes ricos y podían permitirse el lujazo, con los precios que pagaban en los fiorintos devaluados que se usaban en Hungría, de invitar a los nuevos amigos y de sentirse importantes y dueños de la situación. Los del Este, qué remedio tenían, se dejaban querer. Luego seguiría la amistad, al volver de vacaciones. Y los Oeste seguirían siendo solidarios con sus hermanos del otro lado enviando paquetes de comida y haciéndoles regalos del catálogo por correspondencia de los Intershops: las tiendas del régimen en las que, como DM, podías comprar artículos occidentales sin límite.

El capitalismo y el comunismo convivían sin problemas en este lago mágico, una especie de Mallorca del socialismo realmente existente (qué cosas se decían entonces). Aquí en el Balatón todos se olvidaban del Muro de Berlín y de que los unos no podían ir a visitar a los otros (salvo que vivieras en Berlín y pagaras el visado de 24 horas) ni los otros podían viajar al Oeste.

La reunificación de Alemania se fue cociendo, durante décadas, a orillas del lago Balatón. Y, en 1989, la revolución que iba a tirar el Muro empezó precisamente aquí, junto al mayor lago de Europa Central. Ese verano, los alemanes de la RDA no se contentaron con olvidarse por unas semanas de que vivían en una cárcel de la que no podían salir nada más que hacia el Este, para meterse en otra cárcel igual de gris que la suya. Del Balatón, los primeros veraneantes se fueron enseguida a la vecina Budapest, a reclamar su ciudadanía occidental en la embajada de la Alemania Federal.  Y ahí empezó todo.

visa-frei bis shanghai

El 4 de septiembre de 1989 comienzan las manifestaciones de los lunes, en Leipzig, por la tarde, a la salida de misa. Es el inicio de la revolución de otoño en Alemania  del Este.
Pancarta en la manifestación de los lunes: "Somos un pueblo".

Pancarta en la manifestación de los lunes: "Somos un pueblo".

Ese primer lunes, un millar de personas concentradas en la plaza de la Nikolkirche gritan “Stasi raus”, y “Reisefreiheit statt Massenflucht”. Fuera secretas y libertad para viajar en vez de fugas masivas. Estos alemanes del este que comienza la revolución de otoño no se quieren ir al Oeste, pero reclaman democracia.

El régimen golpea duro al pueblo disidente siete días después, el lunes siguiente. Pero la brutal intervención de los antidisturbios en Leipzig no acaba con la manifestación de los lunes. La semana siguiente serán ya 8.000 los manifestantes: la ola empuja, imparable, mientras cada día cientos de alemanes del este se siguen refugiando en las embajadas de la RFA en Budapest, Praga y Varsovia: los tres países más abiertos a los nuevos tiempos que impulsa la perestroika de Gorbachov.

La Oposición había estado creciendo lentamente, pero firme, alentada por la iglesia evangélica. En los oficios de los lunes, los pastores alentaban la resistencia pasiva y la no violencia. Era un movimiento patriótico, incluso nacionalista. No era la reunificación lo que se pedía sino la libertad. De esos círculos cristianos saldrían los primeros partidos, que luego se irían diluyendo en las fuerzas políticas del Oeste.

El grito “wir sind das Volk”, somos el pueblo, salió de estas manifestaciones en Leipzig y fue coreado pronto en las cuatro esquinas de la RDA. Fue el eslógan más oído en aquella revolución pacífica, junto con aquel otro: el muro tiene que desaparecer, mucho más rítmico y contundente en el idioma de Goethe: “Die Mauer muss weg”.

La manifestación del 4 de noviembre de 1989, fue la confirmación de que el régimen de la RDA había perdido frente a la presión popular.

La manifestación del 4 de noviembre de 1989, fue la confirmación de que el régimen de la RDA había perdido frente a la presión popular.

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hace 20 años

kuss

"Entre la sombra del Muro y la movida joven", por José-María Siles en la revista Cambio 16, Madrid, agosto de 1989. 2/2

Erich Honecker, 77 años, está furioso. El líder máximo de la República Democrática Alemana no acaba de entender el regalo que el presidente Bush ha recibido en Budapest: un trozo de alambre espino del telón de acero que los húngaros empezaron a desmantelar la pasada primavera. Honecker, eternamente preocupado por el bienestar de su pueblo, acaba de profetizar este verano que “el Muro durará todavía cien años”.

- Oiga, ¿y ustedes los occidentales por qué tienen esa fijación con el Muro cada vez que vienen por Berlín?

- Ya nos gustaría hablar de otras cosas, pero lo han hecho ustedes tan alto, tan largo y tan en medio de todo…155 kilómetros de Muro es mucho muro para olvidarse de él.

Volvía a encontrarme con la misma funcionaria, tres años después. María trabaja en un Ministerio de la otra Alemania y continúa, por inercia, en el Partido. Pero algo ha cambiado estos años en su visión del mundo que la rodea. “Nuestros dirigentes deliran, no se enteran de lo que está pasando. Piensan que de verdad nos hemos vuelto todos pequeño-burgueses y capitalistas”. Leer más…

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